Bienvenid@s a mi Blog!!

Hola a tod@s!!:

Bienvenid@s a mi Blog. En él voy a hablar de niños, de psicología y salud, así como de impresiones personales y opiniones que deseo compartir.


También quiero hacer listas de recursos a los que todos podais acudir en busca de información. Pondré vídeos, enlaces, documentos...


¿Por qué voy a hablar sobre la infancia? La respuesta es sencilla. Creo que tenemos mucho que aprender de los niños y creo que hay demasiada información en los libros, universidades, Internet, etc... que no tiene en cuenta al niño y a sus necesidades y que no respeta su desarrollo natural. La mayoría de la información que hay se enfoca desde la perspectiva del adulto. Creo que hay que dejar al niño ser niño, aceptar y vivir el proceso del crecimiento con paciencia y apoyo incondicional. No podemos pretender que un niño se comporte como un adulto.

Por eso, pienso que los adultos somos los que muchas veces creamos problemas en los niños que en realidad no tienen.

Espero que tod@s opineis y que aprendamos juntos.

Saludos!!!

Patricia Gallardo.
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Psicóloga especialista en atención temprana.
Psicomotricista.
Educadora de masaje infantil por AEMI.
Enfermera.


lunes, 23 de enero de 2012

El "síndrome de la cuna con pinchos"

El "síndrome de la cuna con pinchos"


Muchas mamás y papás cuentan que su hijo se despierta llorando cada vez que intentan dejarlo en la cuna. Es lo que yo llamo el “síndrome de la cuna con pinchos“. El bebé ha estado jugando y mirándolo todo desde nuestros brazos. La tarde cae y estamos cansados. Lo bañamos, todo va bien, disfrutamos de ese momento. Le damos su última toma del día, acariciándolo, embelesados con su mirada. Cuando deja de mamar o acaba su biberón su cara refleja una plenitud y paz que va más allá del estómago lleno. Parece tan relajado, tan dulce. Es feliz. Nos sentimos reconfortados.

Y llega la hora de ponerlo a dormir. Esperamos para estar seguros a que esté profundamente dormido, acunándolo. Nada lo disturba. Es el momento. Sigilosos vamos a su habitación. Y lo dejamos lentamente en su cunita, con la luz suave, en silencio. Pero apenas roza su espalda el colchón nuestro angelito se despierta y empieza a quejarse. Si insistimos en la idea de dejarlo en la cuna, grita y llora. Parece que el simple gesto de ir a dejarlo durmiendo no lo hubieramos hecho con suficiente suavidad. Parece que la cuna quema o se le clava en la espalda. No lo soporta. ¿Le pasa algo malo?
Nuestro bebé tiene el muy extendido “síndrome de la cuna con pinchos“. Pero lo que le pasa no es nada grave, ni tampoco su cunita tiene nada de malo materialmente hablando. Nuestro bebé no quiere que lo dejemos durmiendo allí y lo dice muy claramente. Pero ¿cómo es que percibe perfectamente el gesto de depositarlo en el mullido colchoncito si estaba profundamente dormido? Parece que tiene un radar. Y es que lo tiene.
El bebé ha pasado nueve meses en movimiento en el seno de su madre. Está acostumbrado a ser suavemente mecido, a olernos, a escuchar nuestro corazón. Se siente así seguro y en paz, protegido. Cuando nace todo cambia, y aunque durante el día tenga todos los brazos que quiera, por la noche los padres esperamos que se conforme en su cuna silenciosa y quieta. Pero no todos los niños aceptan esto. Y eso es muy normal.
A pesar de estar dormidos los bebés tienen una fase de sueño profundo (REM) corta y en cambio pasan casi todas sus horas dormidos en fases superficiales (No-REM) que les permiten, como mecanismo de supervivencia, reaccionar ante cualquier cambio desagradable o potencialmente peligroso. Que sus padres los separen de su cuerpo les hace saltar como si tuvieran un resorte. No lo hacen para fastidiarnos, ni para chantajearnos. Simplemente es que los bebés humanos son así y necesitan nuestro contacto para sentirse seguros y felices.
Gritan pues tienen miedo, no quieren que nos alejemos, estar separados supone que sus mecanismos de supervivencia entren en alerta y nos avisen de que los estamos dejando olvidados. Ellos no saben que en casa están seguros, todavía son seres emocionales e instintivos y viven como vivían los humanos desde hace millones de años. Pensemos en ellos como monitos. Los monitos duermen con sus madres, entre su cuerpo, calentitos y seguros.
Si los bebés humanos, desde que existe el ser humano, no hubiesen reclamado ir pegados a sus madres y dormir a su lado habrían terminado comidos por algún depredador. Nos habríamos extinguido como especie. Así que ellos, tan chiquitos, siguen actuando como lo que son, crias de mamífero incapaces de moverse por si mismas, y menos aún de huir de un carnívoro. Si los dejamos gritan: ¿que haces mamá? ¿donde vas? ¡No me dejes aqui que me comerá el lobo!
Si vuestro bebé padece el “síndorme de la cuna con pinchos“ tener presente cual el mensaje que nos están lanzando con sus lloros ayuda mucho a no desesperarse y a empatizar con ellos. No hay que preocuparse. Está perfectamente sano y el “sindrome de la cuna con pinchos” es un síntoma de salud. Podemos estar tranquilos. Nuestro bebé es un pequeño humano muy preparado para sobrevivir gracias a millones de años de aprendizaje de la especie.
bebe dormidoUna solución sencilla es no llevarlos a la cuna. La mayoría de los bebés siguen durmiendo profundamente si continúan en brazos. Pero claro, nosotros tenemos que cenar y hacer algunas cosas todavía. Si no podemos irnos también a dormir a la vez que ellos, cosa que de todos modos a las mamás les viene muy bien para poder sobrellevar una noche de tomas nocturnas, hacernos con un foulard es una solución muy sencilla, que nos permitirá movernos por casa, y con suerte sentarnos y cenar. Si el niño sigue dormido es que es lo que necesita para descansar mejor.
Otros bebés no aceptan estar en su cuna en otra habitación pero si los dejamos en un capazo en el salón siguen dormidos y no les molesta ni la luz ni los ruidos siempre que no sean estridentes. Al fin y al cabo también dormían en nuestra tripa tan ricamente y no nos callabamos ni estabamos quietas entonces.
El colecho suele ser una estupenda opción para estas familias, permite atender los despertares nocturnos sin tener que levantarnos y recuperar el sueño con facilidad. Y el bebé sigue disfrutando de nuestro calor, olor y compañía durante el sueño, lo que les hace no sentirse inseguros por la separación. Si el bebé rechaza la cuna podemos no llevarlo a la cuna y dormir con él.
Los padres que no desean colechar por el motivo que sea tienen que armarse de paciencia y buscar el modo de transmitir al pequeño la seguridad de que estarán a su lado siempre que los necesite, abrazándolos en la cuna y tocándolos hasta que se vuelvan a dormir, tomándolos en brazos cuando lo pidan. Ganandose la confianza del bebé, que aprenderá, poco a poco, que puede descansar seguro. Nunca dejarlos llorar, así lo único que aprenderán es que no acudiremos a su llamada. Puede ser que se conformen o que caigan rendidos tras llorar, pero no habremos llenado su necesidad de compañía y apego.
Algunas soluciones intermedias son adosar la cuna a la cama grande durante un tiempo o poner una cama pegada a la cuna si está en otra habitación para acostarse al lado mientras el pequeño concilia el sueño.
Cada familia puede encontrar el mejor modo de adaptarse a la situación y respetar el proceso de su hijo. El “síndrome de la cuna con pinchos“ no es ningún trastorno, sino un modo muy natural de reaccionar los bebés y bastante común. A ellos no les pasa nada malo, sólo quieren estar a nuestro lado mientras duermen.

martes, 18 de octubre de 2011

¿Por qué doy de mamar?

Publicado en el blog “en minúsculas”, por Myriam Moya.
 
Yo no doy de mamar porque lo recomiende la OMS, ni porque sea lo mejor para mí, ni para prevenir la osteoporosis, ni en su momento porque quisiera evitar la depresión post-parto, ni para que mi bebé esté más san@ que otr@s o prevenga ciertas enfermedades en el futuro.
Yo no doy de mamar para oponerme a las hermanas que dan biberón, ni para ganarle ninguna batalla a la leche de fórmula, ni porque sea una moda o no esté de moda y me guste ir a la contra.
Yo doy de mamar porque desde que te concebí Zambra estoy enamorada de ti, porque 16 meses después de tú nacimiento sigo sin encontrar otra manera más hermosa de decirte que te quiero, que estoy aquí para ti cada vez que me necesites.
Yo doy de mamar porque me da la gana, porque me sale de la teta, porque me parece una simbiosis increíble la que hemos logrado, porque jamás me sentí más productiva, ni más nutritiva, ni más receptiva, ni más recíproca, ni más tuya, ni más mía.
Yo doy de mamar porque me hace feliz, porque te hace feliz, porque me permite bailar contigo en la quietud del atardecer, en la penumbra de la primera hora del día, bajo la rabiosa energía de la luz del sol o en el cobijo de la Sombra (la real y la propia).
Yo doy de mamar porque la naturaleza está ahí, porque no necesito controlar nada, porque me permite reencontrarme con generaciones de mujeres dentro y fuera de mi familia, porque estoy re-naciendo y es tan hermoso.
Yo doy de mamar porque es algo vital, mágico, irrepetible, porque no ha sido un camino fácil pero ha valido la pena, porque hemos aprendido mucho juntas: yo de ti y tú de mí.
Yo doy de mamar porque soy tenaz, testaruda, cabezota, perseverante, capaz, porque soy lúbrica e intuitiva, porque con mi leche te trasmito la energía femenina que va de madres a hijas de generación en generación: el río de la vida.
Yo doy de mamar porque existen las jeringas y los sacaleches y los cirujanos expertos en frenillos submucosos y los antibióticos y los probióticos y las IBCLCs y la fuerza del grupo… y una voz amiga detrás de un teléfono, gràcies maca.
Yo doy de mamar porque hay un hombre que completa el triángulo, un gran padre que no tiene celos, un compañero de vida que apoyó mi decisión cuando fue cuestionada, que ha comprendido, que ha otorgado, que ha sido mi hombro en los momentos bajos, mi Dj, mi “amo de casa”, mi cocinero, mi enamorado, nuestro proveedor de Futuro.
Yo doy de mamar porque existe el Jazz, el Blues, porque mis senos han fluido durante horas escuchando la aguja arañar el vinilo, porque Ladies Sings the Blues, porque amo la noche y dormirte cada día al pecho es un gustazo y no una rutina.
Yo doy de mamar porque mis tetas son hermosas, increíbles, invencibles, porque no tienen vergüenza alguna de amamantarte libremente cuando lo necesites, estén donde estén.
Yo doy de mamar porque cada vez que me buscas en el lecho me siento tan loba, tan fuerte, tan mujer, tan madre, tan libre, tan yo…
Gracias por existir hija mía, por lucharte el inicio de esta lactancia junto a mí, por disfrutarla, por seguir haciendo posible tanta felicidad, te amo, estoy aquí, estás aquí… ahí fuera, el mundo a nuestro alrededor, gira, gira.

Biberones de “apoyo”, una reflexión

Me gustaría hacer una reflexión sobre la frecuente indicación, por parte de los profesionales sanitarios, de alimentar a los bebés con sucedáneo de leche materna. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Academia Americana de Pediatría (AAP), el Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda:
La alimentación exclusiva al pecho durante los primeros 6 meses de la vida del niño y, continuar el amamantamiento junto con las comidas complementarias adecuadas hasta los 2 años de edad o más (a partir de ahí, tanto tiempo como madre e hijo deseen).
Por “LACTANCIA MATERNA EXCLUSIVA 6 MESES” se entiende que:
El bebé sólo toma la leche de su madre, sin ingerir absolutamente ningún otro alimento, líquido o sustancia.
En otros países de habla hispana se denomina a los biberones por su contenido (fórmula) o por su acción (complemento). En inglés se denomina “bottle” y en alemán “Flasche” aludiendo al recipiente. Pero en ninguno de estos países se le denomina “ayuda”, porque ayudar es un concepto muy amplio.
No paro de darle vueltas a la idea de que los biberones actúan de “ayuda”. Vamos al ambulatorio y nuestro bebé no aumenta religiosamente 250g a la semana y entonces necesitamos una “ayuda”, no “nos sube la leche de forma espectacular” cuando damos a luz y necesitamos una “ayuda”, el bebé pierde algo de peso en el hospital y por más que se encuentre dentro de los parámetros normales (10-12% del peso del nacimiento) hay que darle una “ayuda”…
Yo me pregunto: ¿A quién se ayuda?
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¿Se ayuda al bebé?

Creo que no, porque se le está privando de tomar más leche de su madre. Como el biberón se lo puede dar otra persona, también se le priva del contacto con su madre.
El biberón tiene más riesgo de provocar obesidad infantil, presenta mayor riesgo de sufrir intolerancias, gases, molestias digestivas… Las madres se vuelven locas comparando marcas, comprando todas las posibles del mercado: anti-cólicos, anti-regurgitación, sin lactosa, etc. Y total para nada, porque la leche materna es lo que el bebé necesita, es perfecta para nuestra especie, jamás le va a producir intolerancias, ni rechazo, ni más cólicos.
Entonces al bebé no le ayuda.
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¿Se ayuda a la madre?

Creo que tampoco, porque de base se está minando su confianza haciéndola sentir que no es capaz de amamantar total y completamente a su bebé, algo para lo que está diseñada.
Y la mamá seguramente se sienta deprimida, llore, se sienta sola, abandonada, incapaz, triste. Especialmente si las “ayudas” empiezan ya en el hospital, cuando la madre está recién parida, con las hormonas alborotadas, cansada pero con mucha energía y de pronto alguien -entiéndase “alguien de bata blanca”- le informa de que no es capaz de alimentar por sí misma a su bebé.
Por lo tanto, tampoco ayuda a la mamá, porque lo que las mamás necesitamos es sentirnos poderosas, sentir que somos capaces de alimentar a nuestros bebés. Lo que necesitamos es apoyo para conseguirlo, porque no siempre es fácil. Necesitamos creer más en nosotras mismas y con una “ayuda” no lo vamos a lograr.
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¿Se ayuda a los pediatras?

Como ya no sé a quién más pueden beneficiar estas ayudas, he pensado que quizás a los pediatras, porque entonces los niños engordarán como está previsto en las tablas. Como funciones matemáticas, todos seguirán sus propios caminitos.
Además, sabremos la cantidad exacta de lo que comen. Pero claro, no siempre es así, entonces la mamá que abandona la lactancia y aún así su bebé no sigue el caminito, o no aumenta espectacularmente de percentil: ¿qué hace? Básicamente se siente peor, tonta, deprimida y estafada…
Un problema que posiblemente se plantee más tarde, es, precisamente, las altas tasas de obesidad infantil, la lactancia artificial cuenta entre sus riesgos la obesidad a corto y largo plazo, pero en esto no piensan los pediatras cuando indican una “ayuda”.
Deberían considerar los pediatras que esa mamá (o el papá) tendrá que levantarse por la noche a preparar el biberón a calentar el agua, mezclar los polvos, medir el agua, procurar que el biberón no quede demasiado caliente, pero que no se enfríe… en lugar de, simplemente, ofrecer el pecho al bebé, para que éste se alimente de la forma que ella había elegido.
www.mamadelola.com
Deberían conocer los pediatras que lo mejor para la mamá que ha decidido amamantar sería darle más pecho a su bebé, que también para el bebé lo mejor sería tomar más pecho. 
Deberían conocer que con una lactancia materna bien establecida, incrementando las tomas si éstas -por erróneas indicaciones, básicamente- son insuficientes, y revisando la técnica y posición durante la toma, la madre tendría más leche.
No digo “mucha” (que no es intención de las mamás, habitualmente, montar una tienda y comercializar el producto “leche materna”), sino simplemente, “suficiente” para su bebé, así el bebé crecería como es debido, engordaría lo que le toca, comería cuando quisiera y durante el tiempo que quisiera, y la madre se sentiría feliz, pletórica, capaz de amamantar a ese bebé tan amado.
Llamarle “ayuda” a un añadido que no ayuda ni a madres ni bebés, produce un efecto subjetivo de aceptación por parte de la madre en un momento vulnerable, de cansancio, y en el que siente la necesidad de ser ayudada.
La especie humana está diseñada para que la hembra que acaba de parir y su bebé estén arropados por un grupo de individuos. La reciente madre necesita que este grupo la empondere, afianzando la confianza en su cuerpo y su capacidad de amamantar.
El grupo le puede ofrecer innumerables ayudas siempre, también con una lactancia materna bien establecida: hacer la comida, poner la mesa, fregar, barrer, recoger y lavar la ropa, tender, llevarle a la madre el libro o la película que le gusta…
En algunos casos sí resulta necesario administrar al bebé alimentado con leche materna, un suplemento de leche artificial.
Entre estos casos hallamos un grupo realmente minoritario -excepcional- de casos en que el bebé no está tomando suficiente leche, bien sea por una enfermedad de la madre (que ocasiona que ésta no produzca suficiente leche para su hijo) o porque no hay una buena transferencia de leche al bebé, por otras causas.
Y el otro grupo, mayoritario, en que el suplemento ha llegado a ser “necesario”, por una técnica inadecuada de lactancia, posición inadecuada, restricción de número y duración de tomas, poco apoyo, o, precisamente, uso temprano de chupetes y tetinas.
En el primer grupo, en muchos casos, será necesario continuar con el suplemento durante toda la lactancia. En el segundo, conocidos y corregidos, en su caso, los problemas que motivaron la incorporación de este suplemento, se podrá retirar.
Lo que las mamás que decidimos amamantar necesitamos es sentirnos capaces otra vez, encontrar esa fuerza primitiva que está muy dentro nuestro que nos hace capaces de cualquier cosa para que nuestra descendencia sobreviva.
Necesitamos ser un poco más primates, necesitamos contacto constante con nuestros bebés, necesitamos amamantar sin relojes, sin límite y todas las veces que el bebé y nosotras queramos. Necesitamos que se respete nuestra opinión y sobre todo que se valoren nuestros sentimientos.
Porque la lactancia es nuestra, de las madres y de los niños.
La única “ayuda” posible en mi mundo y mi manera de ver la vida, es el apoyo para las mamás y bebés lactantes.
¡Exijo más apoyo y menos química!

Cómo aliviar los cólicos del lactante

Los especialistas médicos recomiendan tranquilizar a los padres, que han de saber que el niño se encuentra bien de salud y que el cólico del lactante es un proceso transitorio que desaparece espontáneamente con la edad. Sólo con este consejo se logran en ocasiones que los episodios de llanto disminuyan, ya que si los padres están tranquilos tienen más recursos para sobrellevarlos.
Y es que la actitud de los padres ante los cólicos es fundamental: dentro de lo posible debemos acompañar a los niños en su llanto, hacerles ver que estamos ahí, sin caer en nerviosismos.
También dan otros consejos para aliviar los cólicos, como coger al bebé en brazos, acunarlo o repartir el tiempo de cuidado del bebé con otros miembros de la familia. Todas estas actuaciones han mostrado alguna eficacia para aliviar los síntomas del cólico del lactante.
En el blog hemos visto otros trucos para aliviar los cólicos del lactante, como aplicar calor en la tripita del bebé, acostarnos junto a ellos, hacerles suaves masajes en la barriga que ayuden a expulsar los gases…
Intentar que el bebé no tenga gases, dándole el pecho en una postura adecuada o el biberón con una técnica correcta, también puede resultar efectivo, así como eliminar los excitantes como teína o cafeína de la dieta de la madre. Podemos intentar que el bebé elimine los gases después de cada toma, incorporándolos un poco o dándole unos suaves toquecitos la espalda.
También es conveniente prever el momento del cólico (suele ser por la tarde) y preparar un ambiente relajante, un baño, música suave, un paseo… lo que tranquilice al bebé.
Hay quien señala que los consejos para aliviar los cólicos son estrategias de “distracción” para los padres, ya que no hay nada que ayude a disminuir el llanto de los bebés.
Pero existen evidencias de que algunos de estos métodos para aliviar los cólicos del lactante sí funcionan, de modo que habrá que probar lo que mejor le va a nuestro bebé, y sobre todo tener paciencia y consolarlos en lo que podamos hasta que los llantos remitan después de unas semanas.

martes, 4 de octubre de 2011

Teniendo a un recién nacido ¿La familia te ayuda o te vuelve loca?

Contar con el apoyo de la familia cuando se tiene un bebé es gratísimo y de gran utilidad, pero cuando la ayuda interfiere en tu tarea de madre es hora de hacerle frente
Contar con el apoyo de la familia es importante en cualquier momento de la vida y por supuesto cuando tienes un hijo es gratísimo contar con los que más te quieren. Sin embargo, son muchas las madres primerizas que se quejan de que la abuela, la suegra o la hermana se meten en todo los asuntos que conciernen al recién nacido.
Algunas familias se meten en todo y tienen una opinión para cada situación. La abuela opina que el bebé no está tomando suficiente leche, la suegra dice que deberían darle leche de fórmula porque hoy en día tiene todas las vitaminas necesarias, la hermana comenta que no hay nada como la leche materna y que únicamente deberían amamantarlo, y la cuñada recomienda cómo lo deben dormir y que hacer cuando esté llorando. La pobre mamá del recién nacido no sólo tiene las preocupaciones típicas de una madre si no que además tiene que lidiar con todos aquellos que la rodean.

Si tu mamá, tu tía, tu suegra, tu abuela y tu cuñada tienen sugerencias distintas sobre cada cuanto tiempo debe comer tu bebé, cómo lo debes dormir y qué hacer para que pare de llorar terminarás vuelta loca. Todas han tenido distintas experiencias en sus vidas y sus sugerencias también serán diferentes.
No dejes que cada miembro de tu familia tenga una opinión sobre lo que tienes que hacer o no con tu bebé, cómo lo tienes que hacer, cuándo lo tienes que hacer y por qué lo tienes que hacer.

¿Cómo te pueden ayudar?

En los primeros días, después de haber dado a luz, deja que tu familia te ayude con las cosas de la casa: hacer las compras, lavar la ropa, cocinar, limpiar, y las demás tareas del hogar. Pídeles que te respeten en la manera de criar a tu bebé, oye los consejos que te parezcan pertinentes y luego déjales saber que tus irás buscando la forma que te funcione a ti a la hora de alimentar, dormir o criar a tu hijo/hija.
Déjales saber a todos los familiares que interfieran en tu labor de madre que tú buscarás ayuda profesional en caso de que la necesites pero que por ahora quisieras hacer las cosas a tu manera. Ten en cuenta que hablar y dejar saber lo que sientes o piensas es la única forma en que los que están a tu alrededor van a saber realmente lo que está pasando por tu mente. Si no hablas y les dejas saber lo que te molesta probablemente ellos pensarán que están ayudándote y haciéndote un bien.

Resuelve sólo una cosa a la vez

Primero que todo trata de resolver una cosa a la vez y sólo a medida que se te presente la situación. Es decir, no te preocupes de cómo hacer para dormir a tu bebé si ahora está comiendo, cuando llegue ese momento ya resolverás. Resuelve cada cosa a medida que se te vaya presentando y trata de descansar cuando el bebé está durmiendo. Si estás descansada y con la mente despejada probablemente actuarás mucho mejor y más tranquila. En caso de que te sientas muy estresada y sientas que no puedes manejar la situación, pon al bebe en un lugar seguro, sal al aire libre, cierra los ojos y respira muy profundo varias veces, esto es una técnica de relajación rápida. Si la situación se te escapa de las manos busca ayuda y si es profesional mucho mejor.
Acuérdate que cada quien encuentra su forma de ser mamá. Una buena rutina, mucho amor y respeto siempre te ayudarán.

CRISIS DE CRECIMIENTO

Hay una etapa durante la lactancia que preocupa de manera generalizada a muchas madres. Este momento suele situarse entre los 2 y 3 meses, cuando se producen cambios en el bebé y en la madre que algunas veces pueden resultarnos “inquietantes”.
Pasadas las primeras semanas, y tras haber tenido los pechos “inflamados” con la subida de la leche y el inicio de la lactancia empezamos a notar que el pecho ya no está tan lleno. Según Carlos González, pediatra experto en lactancia materna “la inflamación del pecho en las primeras semanas poco tiene que ver con la cantidad de leche”. Esto es, la inflamación es debido a que el pecho empieza a realizar la función fisiológica por la que está en nuestro cuerpo, y esto acarrea en ocasiones inflamación, molestias, incluso en algunos casos fiebre o escalofríos a la madre. Una vez pasadas las primeras semanas el pecho empieza a volver a un tamaño más reducido y a no ponerse tan “tenso” entre tomas.
Llegado este momento muchas madres piensan que “se están quedando sin leche”, pero nada más lejos de la realidad: el pecho ya ha pasado el “rodaje” inicial y empieza a vaciarse y llenarse fácilmente sin sufrir esas molestias. Somos muchas las madres que pensamos que “menos mal”, porque si hubiera que mantener una lactancia durante 6, 9, 12 ó 18 meses (o incluso más, por supuesto) con esas molestias, nadie pasaría de las primeras semanas, por la incomodidad del asunto.
Coincidiendo con estos síntomas en el cuerpo de la madre, se producen otros en el bebé: empieza a mamar en menos tiempo, y si está atravesando una “crisis de crecimiento” reclama el pecho más a menudo. Todo esto hace pensar que la producción de leche ha llegado a su fin, y en muchas ocasiones se empiezan a introducir biberones que no hacen otra cosa que disminuir el flujo de leche y obstaculizar el curso natural de la lactancia, ya que un biberón, por pequeño que sea, reduce la producción en la siguiente toma, y así sucesivamente se va introduciendo un biberón tras otro hasta que se produce una bajada de producción importante, además de un rechazo del pecho por parte del bebé, llegando así a un destete prematuro.
Según la Asociación Española de Pediatría sería un caso excepcional que una madre no produjera la leche sufi-ciente para alimentar a su hijo, y que por lo general estos síntomas de “falta de leche” se deben a:
• La posición del niño o el agarre del pecho no es correcto.
• Hay leche pero la madre no se nota “la subida” y duda que tenga suficiente.
• El bebé ha crecido bruscamente y necesita más leche (crisis de crecimiento).
En cuyo caso recomienda: amamantar al niño siempre que quiera sin esperar a que llore de hambre, darle el pecho unas 8 veces al día, retirarle el chupete y amamantarlo cada vez que llore, aumen-tar la producción con un sacaleches, ver si duerme tranquilo durante una o dos horas seguidas y no parece enfermo, observar si empapa 4-6 pañales al día (si el pañal es super-absorbente pueden ser menos) y si la orina tiene un color claro y un olor normal...
Esto es lo que dice la ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE PEDIATRIA respecto a las crisis de crecimiento:
Es cierto que los bebés de vez en cuando, a intervalos más o menos aproximados, a las 3 semanas, al mes y medio, a los 3 meses, tienen unos días "raros", en que están algo más inquietos, lloran más, duermen peor, se agarran al pecho y de repente estiran, lo sueltan, lloran, no duermen... Posiblemente esto tenga relación con la maduración de su cerebro.
En general, se habla de la crisis de los 3 meses describiéndola como un momento en el que:
• El bebé reclama mamar más a menudo (lo que la madre interpreta como que tiene hambre)
• La madre no nota el pecho tan lleno (lo que interpreta como que ella no tiene leche suficiente)
El resultado es que en ese momento es muy fácil que se empiecen a dar biberones, lo cual no es la solución adecuada.
Pero en realidad lo que ocurre es que...
• El bebé reclama más a menudo porque está creciendo (por eso se llaman también "baches o crisis de crecimiento") y esto hace que su apetito aumente.
• La madre no tiene los pechos tan llenos porque a esa edad la producción de leche de la madre se ha adaptado ya a las necesidades del bebé, ya no gotea, ni se tienen los pechos tan llenos, ni se nota tanto la subida de leche... Además, el lactante vacía el pecho con más eficacia, tarda menos tiempo y hace más rápida la toma.
De modo que lo adecuado es intentar adaptarse al bebé. A lo mejor sólo necesita que lo tomen más tiempo en brazos, pero si pide más pecho porque necesita comer más, la solución es ponerlo más al pecho para que aumente la producción. Si en lugar de pecho le damos un biberón, esto no hará que aumente la leche y normalmente empeorará las cosas.

Falta de leche?

La percepción de baja producción de leche es una interpretación frecuente de la mamá cuando su bebé está intranquilo después de mamar o pide el pecho frecuentemente. Muchas veces después de darle el pecho, las madres dan una botella de leche artificial a sus bebés para "satisfacerlos". Así empieza un círculo vicioso causando una bajada o insuficiencia de leche.
Pero solo dos en cada cien mamas realmente no pueden lactar o no producen leche para alimentar a sus bebés. Mucho más frecuente es una producción baja de leche, que entre otros está relacionado con lo siguiente:
- la madre está poco informada acerca del amamantamiento
- la madre toma la decisión de dar el pecho tarde en el embarazo
- la madre tiene la intención de amamantar por un periodo corto o limitado de tiempo
- la madre tiene poca confianza acerca de su habilidad para lactar
- una técnica de amamantamiento no adecuado
- la madre es sensible a la falta de privacidad
- la madre recibe poco estímulo de parte del esposo o de la suegra
- el bebé es quisquilloso o irritable
- el bebé mama pobremente debido a medicamentos durante el parto, daño en el parto por el uso de fórceps o extracción con ventosa
- la madre usa medicamentos por una enfermedad crónica

Es importante reconocer estos casos para poder evitarlos o para buscar ayuda temprano de tal manera que se resuelve la situación lo más pronto posible. La ayuda de una profesional es recomendable. En muchos de estos casos es posible de aumentar la producción de leche para una lactancia feliz.

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