
Navegando por Internet, he descubierto algo que me ha hecho reflexionar. No me ge resistido a compartirlo con vosotros en el blog.
Se trata del Kintsugi. Es el arte japonés de arreglar fracturas de la cerámica con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino.
Forma parte de una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse, incorporarse y además hacerlo para embellecer el objeto, poniendo de manifiesto su transformación e historia.

La historia del kintsugi (en japonés carpintería de oro) se remonta a finales del siglo XV cuando Ashikaga Yoshimasa envió a China, para ser reparado, dos de sus tazones de té favoritos. Los tazones volvieron reparados pero con unas feas grapas de metal, que los volvían toscos y desagradables a la vista. El resultado no fue de su agrado, así que busco artesanos japoneses que hicieran una mejor reparación, dando así con una nueva forma de reparar cerámicas, convertida en arte.
Me encanta esta filosofía, pues, según ésta, algo que se rompe se puede arreglar, convirtiéndose en algo diferente y también bello.
En nuestra sociedad, cuando algo se rompe te compras otro objeto nuevo.
Usar y tirar.
Este post lo enlazo en parte con uno que escribí llamado Relaciones de usar y tirar, que podéis leer haciendo click sobre el título.
Por otra parte lo enlazo con las terapias psicológicas, que ayudan a "arreglar" a alguien "que se ha roto". Todos tenemos cicatrices y son esas vivencias y experiencias lo que nos hacer ser lo que somos hasta ahora.
No es posible encontrar a alguien sin cicatrices.
Sí podemos encontrar gente que las gestiona mejor que otras y cuyas piezas encajan mejor, siendo personas con un estilo de vida más saludable. Serían aquellas que tienen las habilidades para "arreglarse" o aquellas que, en algún momento han buscado ayuda terapéutica y han integrado sus cicatrices, de forma que puedan ser como un objeto de kintsugi.
Las cicatrices y las arrugas forman parte del proceso de vivir y del aprendizaje.
Somos, pues, como un objeto de kintsugi cuando aceptamos nuestras cicatrices y las integramos.
Y cada uno es único con una única esencia.
Un saludo.
Patri
